jueves, 5 de noviembre de 2009

Hindú campeón en Buenos Aires


Sorprendiendo al adversario en el momento justo, cuando aquel estaba disminuido por incoducta de sus jugadores, Hindu derrotó al CASI en la final del torneo de Buenos Aires y se adjudicó el título nuevamente.

El partido fue de trámite parejo, pero el ganador supo golpear cuando era necesario y terminò arriba por 31 a 22.

Quedaron serias dudas en dos tries de los de Don Torcuato, en donde el último pase pareció fracamente hacia adelante.

De todas formas Hindú fue el merecido ganador, en un partido parejo y atractivo.

¡Cuatro de Copas!

¡El elefante volvió a aparecer en San Isidro! Los cuatro campeonatos al hilo de Hindú encendieron la fiesta en el CASI. El duelo de hinchadas le puso color a otra definición más del rugby de la URBA, que estuvo a full a pesar de que se disputó un miércoles.


¡Hindú lo volvió a hacer! Lejos de empacharse con el tricampeonato 2006-2007-2008, el equipo de Don Torcuato volvió a festejar en La Catedral y deliró por la obtención del tetra campeonato. Otra vez volvió a dar la vuelta en la cancha del CASI, como en ´08. Esta vez, con el sabor especial de coronarse tras vencer a los dueños de casa en una final que los encontró cara a cara por primera vez.

Nadie se guardó nada. Ni los hinchas de Hindú que fueron a copar la parada a San Isidro ni los de la Academia que armaron la fiesta en su propia casa. El marco de la cancha uno del CASI estremecía. Las 14.000 localidades disponibles se agotaron y otra gran parte del público tuvo que ver el partido de pie.

El contraste del amarillo y azul de los de Don Torcuato contrapuesto con el blanco y negro de las cebras pintaron como una gran postal la añosa tribuna de cemento que da a la calle Martín Fierro. Las tubulares del lado opuesto no estuvieron menos cargadas de gente ni de color. Atrás quedó el sinsabor del último sábado cuando el pésimo clima y un problema eléctrico (consecuencia de la intensa lluvia) obligaron a suspender el partido. Esta vez, los organizadores de la Unión de Rugby de Buenos Aires se dieron el gusto de colgar el cartelito de “sold out” en la puerta...

Los personajes abundaban, aparecían a cada instante. Sólo bastaba con agudizar un poco la mirada para encontrar gente que no pasaba desapercibida. Un “hombre elefante” por acá, otro vestido de cebra más allá, chiquitos enfervorizados con las camisetas de sus clubes tatuadas en el cuerpo. Y entre todos, también se los pudo ver a Agustín Pichot y Juan Martín del Potro. AP9 y Delpo, uno fanático de cuna y otro por “adopción” (es muy amigo de Nicolás Pandelo), vivieron el partido desde las tribunas rogando por la hazaña que no pudo ser.

Los rituales de la hinchada de Don Torcuato se cumplieron a rajatabla. Las pelucas y los globos tubulares volvieron a adornar la tribuna. Los bombos le pusieron música y una estridente bocina sonó durante toda la noche. El ingenio también ganó la escena cuando en el entretiempo aparecieron cientos de velas. “Las trajimos porque el CASI tiene problemas de iluminación parece...”, tiró pícaramente a la pasada el chico lookeado de azul y oro.

Cientos de banderas y ocho bombos fueron el motorizador de la movida en la tribuna del CASI, que parecía tener vida con el vaivén de los trapos. Las gargantas de los fans de las cebras no tuvieron respiro. Los cantos cobraron más vida cada vez que el resultado del partido invitaba a soñar, y redoblaban la apuesta en los momentos más difíciles. Hasta el final, la “Nº 1” siguió cantando y despidió a sus jugadores con un cerrado aplauso.

Tras el pitazo final del Mono Christian Sánchez Ruiz, se desató la fiesta. El elefante de utilería que colgó durante todo el partido detrás de uno de los ingoles, hizo su entrada triunfal y se cargó en el lomo a varios de los campeones (Lorenzetti, Agulla, los Fernández Miranda, Senillosa) para comenzar la vuelta olímpica. Una marea azul y amarilla saltó a la cancha desde las tribunas para vitorear sus héroes y escoltarlos en el festejo.

Para Lucas Ostiglia, el incansable tercera línea torcuatense y Puma de bronce, no fue una noche más. Eligió decir adiós jugando una final. Apostó y ganó. Su último partido quedará en los libros del rugby como un retiro cargado de gloria, alzando una copa. “Olé olé olé olé, Rusooo Rusooo”, le dedicó la tirbuna al bueno de Lucas en su último match con la camiseta de Hindú. Sus compañeros, festejaron junto a él con una remera en la que se leyó “Poker Ruso”, en un juego de palabras.

Cuando todo terminó y las tribunas volvieron a estar vacías lo único que siguió en marcha fueron los festejos más íntimos en el vestuario. Los cantos atravesaban las paredes al grito de “dale campeón, dale campeón”. Afuera, un fan hacía el gesto con cuatro dedos de su mano: “somos tetracampeones”.

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