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EL MARCO LOCAL
El jugador argentino: Contexto y actitud
De un análisis realizado sobre las características del jugador argentino surge la apreciación de que desde sus orígenes y a lo largo de todo su desarrollo, su actitud y su manera de leer y entender el juego son claramente diferentes a las que presentan muchos de sus colegas de otras latitudes. Su nacimiento y crecimiento dentro de un contexto cada vez más profesionalizado, pero que continúa sin resignarse a dejar de lado los principios del amor al deporte, lo han convertido en un exponente destacado por naturaleza, sobre el cual pesan como valores fundamentales la pasión por una disciplina y la necesidad inevitable de superación. (RugbyPress)
Talento natural
Corre el año 2005 y a esta altura de la historia muchos conceptos relacionados con el deporte aparentan estar superados.
Sin embargo, en el rugby, y más precisamente dentro del ámbito argentino, aún se mantiene en vilo el viejo dilema que gira en torno a la necesidad de profesionalizar o no la actividad.
Es cierto que un jugador dedicado en tiempo parcial a la práctica de una disciplina ofrecerá ventajas con respecto a otro cuyos objetivos están completamente centralizados en ella.
Durante los últimos tiempos fue bastante habitual difundir, y hasta exigir a veces, la elevación del rendimiento del rugby argentino, con el fin de evitar que volviese a caer en la postergación internacional.
Sin embargo, y lejos de querer entrar en la polémica central sobre la política que debería tomar este deporte, es válido remarcar que así como la profesionalización ha permitido que ciertas potencias evolucionen hacia un dinamismo muy evidente, en la Argentina, con el amateurismo cada vez más semi profesionalizado, ha surgido un nuevo y diferente marco de juego, en el que la competencia tiende a ser cada vez más seria en cuanto a la dedicación, sin derribar por ello los principios que en verdad debería tener todo el deporte, el sentido de jugar por amor mismo al deporte.
Claro, allí surgen algunas cuestiones difíciles de complementar, porque resulta imposible que alguien se dedique de lleno a la actividad que ama si ésta no le proporciona los medios para llevarla a cabo.
Dependerá en mucho de los clubes, sus jugadores y las distintas Uniones, el decidir o encaminar hacia un lado o hacia el otro el rumbo que tomará el rugby en nuestro país durante los próximos años.
Lo cierto es que en la Argentina se presenta inevitable una encrucijada palpable a lo largo de todo su territorio. Existen talentos que pueden llegar a ser descollantes, y al respecto resultaría inentendible que algún factor pudiera llegar a impedir su desarrollo.
Sin embargo, y paradójicamente, es el amor verdadero hacia el juego y hacia los colores de una camiseta el que provoca que en un país de infraestructura amateur surjan figuras que en poco tiempo pueden pasar a transformarse en referentes concretos dentro del contexto internacional.
Esa es la habitual y original característica del jugador argentino, la misma que lo hace diferente al resto y le permite obtener desde sus inicios un enfoque distinto, en el que a pesar de la no profesionalización, suele incorporar casi naturalmente un deseo de superación que en pocas regiones del mundo llega a ser igualado
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