
Sin que Manu Contepomi lo supiera, sus amigos y familiares le armaron una despedida sorpresa, que incluyó un partidito, video y tercer tiempo. Todo esta movida para mimar a un luchador del rugby, que terminó su carrera bañado en Bronce y con un subcampeonato en el bolsillo.
Todo en secreto, todo en voz baja. La despedida que la gente de Newman le organizó a Manuel Contepomi se manejó desde las sombras. Claro, el Mellizo no debía enterarse de la fiesta que sus amigos y compañeros se traían entre manos. “El sábado fue la cena de fin año y lo marcábamos de cerca para que no hablara con nadie”, contó Marcelo Torres, medio scrum bordó.
¿Cómplices para la misión? Todos, pero su familia fue la pieza angular para que la “Operación Manu” no se hiciera vox populi antes de los previsto. ¡Shhh!
Para Manuel, el domingo empezó como tantos otros. Asadito en lo de su hermana Silvia, solcito a pleno y un calor asfixiante rodeándolo todo. Pero a eso de las cuatro de la tarde, la paz dominguera se alteró. La Banda del Timbal llegó hasta donde estaba el Puma de Bronce, lo subió a un colectivo previamente alquilado y, ahí, comenzó el viaje mágico hasta Benavídez, hasta la cancha de Newman. Claro, toda esta movida estuvo acompañada de cientos de cantitos dirigidos al homenajeado.
Y cuando Manu bajó del bondi… ¡tremenda emoción! Todos, pero todos sus amigos y familiares -Felipe no pudo viajar- estaban ahí, esperándolo, aplaudiéndolo. Repasemos. Serafín Dengra, Patricio Fuselli, Diego Albanese, Martín Durand, Marcelo Loffreda, Santiago Artese, Gonzalo Longo, Felipe Aranguren, Santiago Phelan, Agustín Ezcurra, Juan Fernández Miranda… ufff, una banda. Y obvio, también dij?????eron presentes sus ahora ex compañeros e ideólogos de la “despedida sorpresa”: Marcelo Torres, Alfredo Cordone, Pablo Repetto, Agustín Gosio, los hermanos Piccaluga, etc, etc y muchos más etc.
Con tanto jugador y ex jugador dando vueltas, era imposible que la guinda no volara una vez más. Y así fue. Con el Tano Loffreda como DT de uno de los equipos y con todos los involucrados luciendo la camiseta número 13, se armó un partido entre los invitados y la gente de Newman. ¿El resultado? ¡Qué importa! Lo que más se destacó fueron los dos tries del homenajeado, una conversión bárbara de su hermano, Bebe, y un par de tackles de su otro hermano, Juampi.
El partido se extinguió y los aplausos se robaron la escena. ¿Manu? En un mar de lágrimas, y poniendo la face para las cientos de fotos que le tomaron su hermana y su esposa.
Después de la acción llegó el momento de un video con el repaso de su carrera y, luego, un tremendo tercer tiempo para cerrar un día en donde la emoción estuvo en carne viva.
Se fue Manu. Se fue un luchador. Se fue un jugadorazo. Se fue un gran tipo. Simplemente gracias, Manuel.
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